Extendiendo un poco el hilo del Wi-Fi gratuito en Nueva York y cómo las operadoras luchan con uñas y dientes para que las redes públicas no se implanten, me hago eco de dos desarrollos tecnológicos muy interesantes.
Y es que las redes inalámbricas de acceso público, libre y gratuito es otra de las batallas que las empresas establecidas están librando contra nuestro derecho (y deber moral) de COMPARTIR: Las redes y las tecnologías que soportan estas redes, aumentan su utilidad cuando se comparte, de forma directamente proporcional al cuadrado de los usuarios que las utilizan (por eso el P2P es imparable).

La SGAE y las discograficas, ven amenazados sus modelo de negocio si compartimos la música: no solo por el mp3 que compartimos con nuestros programas P2P favoritos, sino por la posibilidad que tienen los grupos de autopromocionar su obra por la red, escapando a las condiciones leoninas de los sellos discográficos.
En otro orden de cosas, Microsoft, una de las corporaciones más poderosas del mundo y los grandes gigantes del software propietario, tienen como comun denominador que sus licencias prohiben expresamente a sus clientes compartir los productos que han adquirido; y siguen intentando evitar que llegue al público la avalancha de innovación que supone el Software Libre, con Gnu/Linux a la cabeza (pero tambén con otros proyectos cada vez más imprescindibles como Firefox, OpenOffice, Thunderbird, el Gimp, Apache, MySQL, etc..) , que son fruto de compartir el código fuente de los programas de ordenador y el conocimiento de toda la comunidad de programadores y usuarios entusiastas.
¿Qué tiene que ver todo esto con el Wi-Fi?: Internet ha hecho posible compartir la cultura y el conocimiento, así como el desarrollo del Software Libre, compartido por definición. Ahora tiene que llegar la siguiente oleada: compartir la propia red, para extender su alcance y su disponibilidad, democratizando el acceso a las comunicaciones, del mismo modo que el hecho de compartir ha democratizado el acceso a la música o al software: Y ya tenemos un grupo de interes que, seguro, va a ser enemigo de nuevo de nuestro derecho a compartir: Las operadoras. Sin ir más lejos, leo en el blog de Martin Varsavsky la penúltima de Timofónica, que tristemente me recuerda a las actitudes avasalladoras de Microsoft o de la SGAE:
Me llegó de muy buena fuente que una importante publicación española me quería dar un premio y Telefónica les dijo que si me lo daban les retiraban la publicidad. Lo que no entiendo es que ahora que Fon les consigue tantos clientes (para ser Fonero hay que tener ADSL y ellos son el principal proveedor), ¿qué les importa si me dan un premio? Y a mi no es que me importe ganar un premio más, claro, a todo el mundo le gusta que le den un premio, pero el tema es que el estilo Telefónica es ganar con trampa. El rollo (la onda) Telefónica no es solo ser gigante, romper la ley, pagar multas, y por lo que se vio en los juicios argentinos, pagar sobornos, sino que también consiste en pisarle la cabeza a los demás aunque poco tengan que ver con su negocio. Con la pasta (guita) que tienen casi no invierten en nuevas empresas, no ayudan al desarrollo tecnológico de España y el tamaño de su fundación es patético.
Fon no me acaba de parecer mala idea, pero solo es un parche a medio camino entre la rapiña de las telefónicas tradicionales y una comunidad wireless genuinamente libre, un modelo de hacer dinero aprovechando el nicho de necesidad que han creado las propias restricciones que sobre el wi-fi tratan de imponer las grandes operadoras. Mirando más allá de Fon:
http://www.treehugger.com/files/2007/06/solar_powered_w_4.php
http://meraki.net/news/2007/06/03/meraki-introduces-first-solar-powered-outdoor-wi-fi-access-kit/
Con este y con otros dispositivos como este “SquidBee” [”Calamar-Abeja”](desarrollado aquí!!!)
http://www.microsiervos.com/archivo/tecnologia/squidbee-redes-sensoriales.html

podríamos disponer “grátis” (es decir, sin pagar peaje, pues la infraestructura sería nuestra)
de redes autónomas inalámbricas autoconstruibles: es decir, liberar definitivamente el acceso a internet y las comunicaciones. En lugar de subvencionarles a las operadoras telefónicas la construcción de infraestructuras, y estar pagándoles alquileres ad infinitum después de que ya las hayan amortizado con creces (patrón recurrente con los modelos de negocio de las discograficas o las microsofts que en el mundo han sido: su “maximización de beneficios” ya no se basa en lanzar mejores productos que los clientes quieran adquirir, sino en ir en contra de esos propios clientes intentando evitar que compartan los productos que les han adquirido en primer lugar) , ¿por qué no convertirnos en dueños de nuestra propia infraestructura y compartirla creando una red en malla abierta? El fin del oligopolio y la mayor pesadilla de las telcos y de las operadoras telefónicas!
… y el siguiente paso (aunque os suene a utopía-ficción, hay que tender hacia la utopía: ¿quien podía predecir en 1990 que podríamos disfrutar de software 100% libre y gratuito que además fuese órdenes de magnitud superior al que nos vendían los “supercerebritos” de microsoft?¿quién podía predecir que nos podríamos conectar ¡gratis! a la red de redes sin cables desde cualquier parque a velocidades impensables para los que sufrimos la edad de los módems?) lo dicho, el siguiente paso: la descentralización de la producción energética y conseguir ser lo más autónomos (y eficientes) posible en la producción de la energía que consumimos: tener nuestros propios pre-calentadores solares, paneles, aerogeneradores, motores stirling y aparatos que autogeneren la energía que consumen (como el repetidor wi-fi, como primer ejemplo)…. pero antes, podremos (y deberemos) liberar la red.